EXPOSICIONES TEMPORALES DE MUSEO DE LA INSURGENCIA


Loö Litz Beë La casa del viento – Baldomero Robles

DEL 21 DE MARZO AL 19 DE MAYO DE 2019

Tras años de vivir en la ciudad de Oaxaca, dedicarse al fotoperiodismo y ser punk, Baldomero Robles regresó a San pedro Cajonos, La comunidad en la sierra norte de Oaxaca en la que vivió durante su niñez. Lo empuja la necesidad de acceder a su propia memoria y a un espacio cargado de resonancias internas y culturales. El arraigado sentido de pertenencia o quizá la profunda añoranza de pertenecer, se articula en la obra de Robles de una manera compleja. El deseo de retorno a la infancia, simbolizado por la cultura zapoteca natal, convierte sus fotografías en una mirada desde el interior y el exterior, mostrando la contradicción del México contemporáneo cruzado por el choque y el desgarramiento social y cultural. 

Las imágenes se construyen en acciones que el autor provoca, en las que se integra la interacción con personajes, escenas y escenarios imaginados y encontrados, pasado y presente. Se amalgaman orgánicamente elementos visuales de la fotografía actual con imaginarios personales y locales, que nos permiten compartir una cosmovisión rica en historia y simbolismos desde la mirada de un autor consiente de su lenguaje. La lengua zapoteca y su relación con los conceptos de la representación son centrales en el desarrollo de su obra. Tomando algunas palabras como referencia, y encontrándose con la ausencia de traducciones exactas en castellano, aborda los conceptos mediante la fotografía, articulando una reflexión sobre el vínculo entre la realidad y su representación en la dimensión metafórica y profunda de la relación entre lenguaje y el medio.

Texto: Ana Casas Broda


Día de muertos en Atzompa – Fernando Franco Sevilla

6 DE NOVIEMBRE DEL 2018

Un hombre joven apenas repara en la miríada de velas en el campo santo de Santa María Atzompa, en el sureño estado mexicano de Oaxaca. Su mirada parece imantada por la pantalla de un dispositivo móvil. Es un registro que no exige grandes discursos, pero que ilustra el equilibrio entre las tradiciones y los elementos de la actualidad en el México moderno. “Los jóvenes –aventura Franco- parecen estar ahí por respeto a los adultos mayores; no totalmente convencidos.”

Fotógrafo con más de tres décadas de experiencia profesional, formado en el innovador periodismo gráfico del seminal diario Uno más uno –hito en el diarismo mexicano- y curtido en las áreas de fotografía del servicio público mexicano, lo mismo en la Presidencia de la República, que en la Procuraduría

General de la República y en el gobierno de Oaxaca, Franco (Aguascalientes, Ags., México, 1962) ha recorrido esta entidad mexicana con la devoción de un lugareño y la visión fresca del que llega de fuera.

A la pintoresca Santa María Atzompa ha viajado varias veces, tanto a registrar el admirable trabajo en barro de los artesanos alfareros como a levantar imágenes de la noche de muertos, que convoca, año con año, a nutridos contingentes de propios y extraños. “Temprana la noche hay mucha gente, turistas y fotógrafos. Hay que esperar a que el frío, el cansancio y el sueño los venzan para obtener imágenes más limpias”, cuenta Franco. “Hay algo diferente que no he visto en otros lugares –prosigue-: músicos amenizando la noche. Ya sin música y con menos gente puedes acercarte más a ese sentimiento de recogimiento y ‘comunicación’ con los que se adelantaron. Lo más difícil al hacer este tipo de fotografías es pasar desapercibido, y, si no es posible, al menos ser lo menos agresivo e intrusivo posible, respetando a las personas en su convivencia con la muerte.”

Relatos de la convivencia entre vivos y muertos; retratos de nostalgia, resignación y espera; retablos de árboles, cempasúchil -esa flor amarilla omnipresente en la noche de muertos mexicana-, velas y lápidas; composiciones con luz, claroscuros, fuego y penumbra, Franco ofrece en esta apretada selección de fotografías un atisbo a la singular conmemoración con la que los mexicanos viven y reviven a sus muertos.

Decía el laureado poeta mexicano Octavio Paz, en su ensayo El laberinto de la soledad: “Para el habitante de Nueva York, París o Londres, la muerte es la palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios. El mexicano, en cambio, la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente. Cierto, en su actitud hay quizá tanto miedo como en la de los otros; mas al menos no se esconde ni la esconde; la contempla cara a cara con impaciencia, desdén o ironía: ‘si me han de matar mañana, que me maten de una vez’.”

Fernando Franco Sevilla contempla, con paciencia, respeto y empatía, la muerte mexicana, y nos comparte su visión.


El Brigadier, Caricaturista – Antonio Arias Bernal

23 DE AGOSTO DEL 2018


Tina Modotti 1896 – 1942 Fotógrafa revolucionaria

DEL 14 DE MARZO AL 22 DE JULIO DEL 2018



Una vida en la cocina – Andrea Cárdenas y Consuelo A. Velázquez

5 DE DICIEMBRE DEL 2017


El presente de nuestro pasado – Raquel Soria e Iván Puga

8 DE AGOSTO DEL 2017

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